• Arturo Sosa

Vida y obra de don Clitorino Meza

El pequeño gigante de Lepaguare


Don Clitorino era un tipo muy sensible.


De toque.


Había que saber como hablarle, como tratarlo porque ese señor era delicado.


Uuuuuuy…


Allá en Lepaguare era famoso. Él mismo decía: –Yo no sé para que me buscan si ya saben cómo me pongo.


Bueno, en el pueblo se rumoraba que ese señor, así todo chiquito, cuando se paraba aullaban los indios.


–Sí, es que el que me busca, me encuentra–sentenciaba siempre don Clitorino.


Curioso, porque era un tipo pequeño, casi siempre medio escondido. Humildón. Pero cuando ese señor se encandilaba, ni lo quiera Dios…


Todo lo contrario, a otro señor famoso de Lepaguare: don Vergoludio López. Lo opuesto.


Don Vergoludio fue un tipo insolente y mal educado. Especialmente cuando joven; a cualquiera se le paraba. No le negaba el cariño a nadie y ay de usted si se dejaba… no andaba con mates. Ya se le montaba.


Pero mire como es la vida; esa gente que solo es así, que solo es murmura, cuando le fueron entrando los años, se fue calmando. Amansando.


Ya no era con cualquiera que se metía.


Bueno, la verdad es que a duras penas podía, como que fue perdiendo la enjundia. Es más, después andaban diciendo en el pueblo que ya ni con el Himno Nacional se levantaba.


Le fue mal… mal.


Ahí quedó don Vergoludio, metido en la casa. Ya ni salía, apajuilado. Dicen que terminó echadito.


En cambio, don Clitorino como que más bien agarró fuerza con los años. Viera usted…Jé.


Hizo estragos.


Chiquito, pero matón.


A ese señor no se le fue chancho con mazorca. ¡Olvídese! Si es que cuando decía: este, este se iba…


En Lepaguare se sienten muy orgullosos de don Clitorino porque de él fue la frase: «Te fuiste…Tajadita». Inventor.


Pero hay que ser sincero: en Lepaguare, déjeme contarle, allí siempre ha habido gente así.


Es más, de allí viene la abuelita Yesenia, aquella señora que fue famosa en su tiempo por sus ojos verdes y piel canela. Dadivosa.


Yo ya le había platicado a usted de ella. Esa doñita también hizo historia por sus frases, como aquella: «No es lo largo ni grueso, sino lo que se mantenga tieso». Siempre, siempre decía eso cuando hablaba del pan baguete.


Y bueno, también está Susanita, nieta de doña Yesenia. Más que popular, porque esa muchacha sí que le ha dado vuelta a la hilacha… es costurera.


Verá, Lepaguare es un pueblo bonito, con gente sencilla. Lleno de pinos. Ahora, lo único malo de Lepaguare es que quién sabe la razón; pero ahí la gente no se muere de COVID, ni de gripe, ni de depresión. Ahí la gente se muere porque son flojas de la rabadilla.


Vaya usted a saber el origen de ese padecimiento. Pero de que caen, caen. Y seguidito.


Además, dicen que son sordas. Usted las invita a su casa y les dice: siéntese…y se acuestan.


¡Pobrecitos!


Pero es por el problema de la rabadilla.


Dicen, dicen las malas lenguas que don Clitorino así va a terminar.


Ah, porque él todavía está ahí, vivito. Calladito, pero como los Scouts: ‘Siempre listo’.


Un día de estos le voy a seguir contando de la vida y obra de don Clitorino Meza, el pequeño gigante de Lepaguare.


Por mientras, y como dice el buen Emilio Fonseca: «Ahora también usted lo sabe».


El Suscrito

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