• Arturo Sosa

La timidez de los árboles



Caminando un día por la zona núcleo del Parque Nacional La Tigra, acompañado del siempre recordado Dr. Paul House, me llamó la atención ver un 'dibujo' raro en el dosel de los árboles que nos rodeaban.


Por alguna razón, cada árbol mantenía allá arriba una separación física con su vecino, sin entrelazarse, dejando un espacio limpio de tal manera que sus ramas no chocaban con las del otro.


Era como ver los canales de un río serpenteando por entre las copas de cada árbol.


Cuando le pregunté a Paul qué era lo que estaba viendo, el buen etnobotánico me explicó que, con el viento, las ramas de los árboles chocaban con las de sus vecinos y esa fricción provocaba que se cayeran las hojas.


Para evitar tal pérdida, los árboles habían aprendido a crecer en otra dirección sin golpear a su vecino. Era como una señal de respeto y armonía entre ellos.


–Algo muy propio de bosques maduros –recuerdo que me agregó Paul.


Ahora que veo el reflejo de estas separaciones en un charco del Río de Piedras, no puedo menos que recordar al amigo inglés y su explicación.


Y vuelvo a maravillarme.


'Timidez en los árboles' es el término correcto del fenómeno. Viene del inglés Crown Shyness que fue acuñado por el biólogo australiano Maxwell Ralph Jacobs a finales de los años 50 (aunque el fenómeno ya era tema de discusión en la literatura científica desde la década de los 20).


Normalmente se da entre árboles de la misma especie y aunque no siempre sucede, es un hecho real de la naturaleza.


Afortunadamente ahora lo estoy viendo aquí en Miramelinda, esta montaña nuestra en la cordillera del Merendón.


Miramelinda es un salón vivo de clases. Una lección viva que cada día nos muestra algo diferente.


Tan solo es cuestión de ir a conocerla. Y protegerla.


San Pedro Sula

Octubre 2019


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