• Arturo Sosa

La jaguar más hermosa



Se llamaba Moncho aunque en realidad era una hembra.


–No se vaya a meter de 'un solo' –me dijeron los cuidadores de la jaula en el Zoológico Metropolitano de Tegucigalpa.


Pero Moncho estaba muy tranquila, acostada, reposando tras haber comido opíparamente.


Entré a la jaula y me agaché, muy lento, tratando de convencerla o mejor dicho, de convencerme que nada malo iba a suceder.


Me acosté en el frío suelo de cemento.


Eran otros tiempos, otras formas de entender y apreciar la naturaleza, el mundo en que vivimos.

Por aquella época todavía no tenía cámara digital y usaba película diapositiva. Tampoco había mucha plata en mis bolsillos, así que cada rollo de 36 exposiciones era valioso. Cada disparo tenía que ser el correcto.


Entre el miedo y el respeto apenas logré hacer unas pocas imágenes antes de retirarme. No había que tentar a la fortuna.


Han pasado casi 20 años y Moncho ya no está con nosotros. Pero nunca podré olvidar la mirada serena y confiada del depredador más grande de América; la jaguar más hermosa que he conocido en toda mi vida.







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